En el grupo que tienen en WhatsApp, Los sospechosos de siempre, acuerdan juntarse a cenar para pasar un buen rato. Después de una velada llena de chistes y anécdotas de aquellas que se repiten siempre, Luna comienza a sentirse mal y termina desmayándose en el restaurante.
Todos sus amigos lo acompañan hasta el hospital, en donde se enteran de la triste noticia. Luna sufrió una “cefalea como estallido severa, de comienzo agudo” que termina en un diagnóstico devastador tras una resonancia magnética: un tumor cerebral.
La doctora Karina Pereyra (Carola Reyna), es la encargada de comunicarles a todos lo que sucede: Santiago tiene un tumor en el cerebro. Desconsolado, el grupo se pregunta los pasos a seguir. Si bien la recomendación por la edad del paciente, la zona en donde se encuentra el tumor y las características que tiene indican que deberá someterse a una operación, todos deben tener en claro que se trata de una enfermedad terminal y que es muy difícil hablar de cuanto tiempo puede quedarle.
Mientras Santiago duerme en la terapia intensiva, sus amigos lloran y se consuelan entre sí antes de regresar cada uno a su hogar para vivir el duelo en la intimidad. Grupo Soporte es el nuevo grupo de WhatsApp en donde están todos menos Luna y que servirá no solo para mantenerse informados, sino también para consolarse entre ellos.
La doctora Pereyra es clara con Luna: estos tumores pueden estar desde siempre y manifestarse de repente. Los médicos intentarán que viva el mayor tiempo posible, pero el diagnóstico es complicado.
Tras juntar fuerzas, Jime, Nico, Nacho, Vale y Sole visitan a su amigo en el hospital. “Que de algo sirva toda esta mierda que me está pasando”, les dice Santiago desde la cama, antes de contarles el sueño que tuvo la noche anterior. “Corría y corría, iba sonriendo porque sabía que estaba corriendo gracias a ustedes. Me di cuenta que todos tenemos metas por cumplir, sueños”, relata. “Independientemente del tiempo que tengamos, poder ser la mejor versión de nosotros mismos. Si esta es mi carrera, les pido que me acompañen. Váyanse de acá pensando que quieren para sus vidas, piensen que se pueden morir mañana. Si yo voy a ser el primero de nosotros, les pido que no me abandonen hasta llegar a la meta”, culmina.
Un comienzo sólido para una historia difícil
El primer episodio de El primero de nosotros tiene todo lo que se necesita para introducir una historia de forma concisa y certera: presentación de sus personajes y primer paneo de sus características personales, ciertos rasgos de comedia y por supuesto, drama.
Los guionistas -Ernesto Korovsky, Romina Moretto, Micaela Libson y Juan Ciuffo– tienen una difícil tarea: contar una historia compleja y que carga una emotividad muy fuerte, apostando al lado humano de los personajes y manteniendo la esencia y las historias personales de cada uno de los miembros del grupo, en medio del dolor que supone la trama principal de la tira. A juzgar por lo que se vio en el primer capítulo, este balance está logrado.
La intención de contar una historia cruda pero real, contemporánea y con la que muchos podrán relacionarse, es clara. Es ficción, pero como se debatió en los últimos días luego de conocerse que una de las mentes detrás del argumento fue la de Gerardo Rozín, tranquilamente podría ser una historia verídica.
En su debut en la pantalla chica, El Primero de Nosotros sentó las bases de un relato que hará emocionar al público y que lo llevará a replantearse la importancia de vivir cada día al máximo. Como si esto fuese poco, la ambiciosa historia tiene todos los rasgos para convertirse en una de las ficciones favoritas de este 2022.


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